30 may. 2011

POR UNA PARTICIPACION CONSCIENTE Y CONFRONTACION REAL EN LOS SALONES Y EVENTOS DE ARTES DEL PAIS.

Una de las actividades que dentro del desarrollo cultural del país, despierta apasionados comentarios y ofuscadas reacciones son los Salones de Arte.
Aceptados y rechazados, jurados y críticos de arte, durante las primeras semanas que preceden a las decisiones de los jurados ocupan grandes espacios en los medios de comunicación, a medida que transcurren los días van disminuyendo los centímetros de palabra escrita hasta finalmente desaparecer.
Todo vuelve a la "normalidad" y a prepararse para el otro salón y así sucesivamente en un círculo interminable, donde los perjudicados hemos sido siempre los creadores.

En relación a estos eventos de la plástica, "regionalizados" o "bienalizados", no creo haber conocido trabajador del arte y la cultura, que no tuviera proposiciones, inquietudes e interrogantes, que de ser canalizadas y respondidas, podrían haber mejorado este tipo de evento desde sus estructuras básicas. Y aclaro que digo mejorar y no cambiar ya que esto último supone primero el cambio en esta sociedad de las políticas culturales, que en una primera etapa apunten, por lo menos a la democratización del arte, empezando por una educación artística sensible e imaginativa para nuestros niños y jóvenes.

Pero como es natural una cosa es nuestro pensamiento y otra es la resultante de la práctica artística cotidiana. De allí surgen nuestras dudas, nuestras contradicciones.Cuántas veces los trabajadores del arte, nos preguntamos sobre la conveniencia de participar o no en un Salón de Arte.

Con demasiada frecuencia nos autocensuramos. Siempre queda la disyuntiva: participar y por consiguiente confrontar tu obra reciente, con los beneficios que ello trae, o aislarse y trabajar sin que la participación en los salones sea determinante en la obra.
Personalmente pienso que todo creador, que esté trabajando una obra, en este caso en el campo de las artes visuales debe participar en todo tipo de evento que le permita una confrontación real.

Muchos son los artistas que han cuestionado la "participación por la participación", sin que los creadores tengan derecho a gestionar por completo !a relación de su obra con el público.
Cito textualmente:"Bajo los estandartes de la participación, la ley de la oferta y la demanda y el arte por el arte. nuestra obra se subordina al interés del programa, a las relaciones con el mercado consumidor y a los dictámenes éticos y estéticos de la crítica.

"En consecuencia, el entretejido de relaciones sociales cotidianas que conforma el ámbito donde se gesta y se produce la obra visual y, por ende, la relación de ésta con el público marcha aceleradamente hacia la enajenación de su propia finalidad. Lo que era subsidiario pasa a ser fundamental, y el acontecimiento humano y primordial de la creación y el goce de lo creado queda subordinado a intereses espúreos,"
"Reclamamos nuestro derecho a disentir de los criterios oficiales, de los criterios mercantiles y del imprimátur arzobispal de la crítica de arte de los medios de comunicación masiva y recordamos a burócratas, marchands y críticos que no es precisamente nuestra obra la que debe estar a su servicio, sino todo lo contrario" (1).

PARTICIPACION Y CONFRONTACION REAL.
Para nadie es un misterio la gran desorientación y desinformación que existe dentro de los "potenciales participantes" en los salones de arte, así tengan estos últimos una larga trayectoria, excelente organización y autoridades bien intencionadas.

Para no analizar este fenómeno en abstracto, tomare como ejemplo el Salón Michelena de Valencia. Aclaro que no tengo nada en particular contra él, he participado durante años seguidos y de esa participación he logrado extraer alguna. experiencia. La participación de obras en el Salón Michelena, ha fluctuado entre 400 a 1200 obras de las cuales el Jurado de Selección ha dejado un promedio de 150. Surge aquí la gran interrogante; ¿Cómo eran las obras no seleccionadas y a quién pertenecían?. Como los salones no documentan la participación total, ni para evaluar el evento, nunca podremos respondernos con exactitud estas interrogantes. Sin embargo, por informaciones que nos merecen toda credibilidad sabemos que de las 900 (+-) obras rechazadas la gran mayoría de ellas pertenecía a pintores amateurs, cuyos meritorios trabajos fueron realizados con fines recreativos y, otro gran porcentaje, a estudiantes de los primeros años de escuelas de artes plásticas cuyas incipientes obras aún están dirigidas por sus profesores-artistas que paradojalmente, también estaban participando en el salón.

En relación al ejemplo que cito; no se deben ahorrar explicaciones para que los interesados en estos eventos tengan una participación consciente, que sepan con absoluta claridad que estos eventos son (aunque no se diga) para artistas profesionales. Paralelo a ello se deben crear eventos artístico-plásticos para estudiantes de arte y amateurs, para canalizar la valiosa creación de aficionados. La creación de estos eventos no significa limitación para los jóvenes estudiantes de arte o amateurs que deseen participar en los Salones para artistas profesionales, aún cuando ello resulte una apuesta al 5 y 6. Cuando hablo de la confrontación desde el punto de vista de un artista, exijo que sea una confrontación real, porque no constituye una confrontación el hecho de que una obra esté al lado de otra colgada en un muro. Como creador, pienso que uno de los valores rescatables que tienen los salones de arte es el de la confrontación real, la que supone, desde luego, otras formas de organización donde los trabajadores del arte y la cultura establezcan las reglas de juego de los eventos. Una verdadera confrontación es cuando cada artista pueda participar con cinco obras recientes como mínimo, que ofrezca dentro del marco de los eventos, textos, videos, conversaciones sobre sus poéticas, a fin de generar un diálogo enriquecedor para todos. Que todo el material que se produzca se publique y sirva de material de discusión en escuelas de arte y centro culturales de la comunidad.


EL MISTERIOSO TRABAJO DE LOS JURADOS.

Las discrepancias entre los miembros de un Jurado son un hecho natural y positivo; también suelen producirse decisiones por unanimidad o en ocasiones uno de los jurados ha salvado su voto. También ha habido jurados que han declarado desiertos los premios. Pero cualquiera que sea la decisión final, las discusiones de los jurados, sus argumentos, los análisis de cada obra sometida a su criterio no deben seguir siendo un misterio que se guarda celosamente.

¿Por qué ocultar las discusiones de los jurados cuando ellas pueden constituir una sana orientación de docencia artística para los participantes y público en general?
Existen ya ejemplos de eventos donde se ha grabado y publicado las deliberaciones del jurado. Otros donde In discusión se ha filmado en un circuito cerrado de televisión, o simplemente se ha deliberado con la presencia de público y participantes, en calidad de espectadores.

Por otra parte, cada salón debe emitir laudos "explícitos" que evalúen el salón en su totalidad y participantes en particular. El hermetismo que se ha mantenido en torno al trabajo de los jurados, lleva. a los participantes a plantearse. conjeturas equívocas y no deja ninguna lección. En síntesis, pienso que no debe ocultarse las deliberaciones de los jurados, como si éstas y los resultados finales constituyesen un hecho de "delincuencia cultural".

LOS PREMIOS, RECOMPENSAS EN METALICOS, EN DIPLOMAS.

Aunque los premios en metálico de Venezuela son muy superiores a los del resto de países latinoamericanos, tampoco son un Nóbel que le permita al artista, en definitiva, resolver el problema de su subsistencia. Por otra parte, tampoco son tan magro que pudiesen considerarse un estímulo netamente moral. Sabemos de instituciones que se jactan de haber entregado cerca de un millón de bolívares en premios pero, no tienen prosupuestos para desarrollar talleres de creatividad u otras actividades culturales de la comunidad.
De pronto, surgen patrocinadores de premios cuyos aportes económicos están por debajo del valor mínimo de la obra premiada, resultando esta práctica una forma de adquisición desventajosa para el artista premiado.
Pero, lo que definitivamente muchos artistas plásticos no han logrado asimilar es el hecho que los premios son una decisión no exacta de valoración de una obra. No siempre la obra premiada es la mejor desde el punto de vista de los valores estéticos permanentes. Cuantas obras premiadas en años anteriores hoy no tienen ninguna significación que no sea la histórica documental. Otras rechazadas un año, en el próximo fueron aceptadas o premiadas. La decisión de los premios es contingente, humana, imperfecta y corresponde sólo a ese tiempo del debate y está determinada por el conjunto de obras y su interacción; y además por las motivaciones subjetivas de esos "humanos" que intentan atrapar razonablemente lo irracional de una creación que no les pertenece.
En palabras simples si se cambia un jurado es posible que también cambien los ganadores de un salón de arte. De tal modo, que los premios en general no deben preocupar ni interferir en la obra de un artista, ya que ella debe estar mas allá de esa valoración temporal.



(1)Parte de texto colectivo elaborado por Edmundo Vargas, Gilberto Ramírez, Mary Carmen Pérez, Peli, Eneko Las Eras y Ortizpozo para catálogo de su exposición Galería Viva México Septiembre de 1983.