30 may. 2011

LA PARTICIPACIÓN TODO UN APRENDIZAJE

Capítulo: eventos culturales artísticos plásticos
Prof. Aníbal Ortizpozo




“el verbo participar es un verbo plural
(yo participamos, tu participáis)”





El verbo participar necesita recorrer el camino, de la razón-interrogante para que como “quehacer del ser” alimente la conciencia social de nuestra vida en comunidad. Por ello resulta, refrescante, en tiempos de cambios, repensar el concepto y la acción de participar, además por estar incluida en una de las más esperanzadoras banderas ideológico-políticas, como lo es la llamada democracia participativa, superando así, por lo menos en el papel, a la tradicional democracia a secas o representativa. Aunque es justo decir que hay sociólogos y politólogos que no aceptan el apellido de participativa por encontrarlo redundante ya que democracia sin participación no existe y prefieren hablar de democracia plena.

Donde la participación encuentra un terreno minado y escabroso es en los eventos culturales y artísticos de un país, región o pueblo, especialmente cuando ellos son programados por instituciones que representan al poder hegemónico del Estado e impuestos como lo deseable, como lo ideal, lo adecuado.

Los programas culturales y artísticos elaborados por el Estado, si no han nacido de una necesidad sentida de las personas a quienes están dirigidos, auque sea el más espectacular show, todo indica que está destinado al fracaso. Se estrella con la vida misma y modo de pensar lo propio de las personas, su cotidianidad y lo que tiene sentido de pertenencia para ellos.

Con estas reflexiones, no estoy haciendo un llamado a la no participación o participación en determinadas acciones culturales o artísticas del Estado. Más bien requiero y propongo una participación consciente, responsable, alejada de intereses individuales inconfesables, tanto de los programadores oficiales, como de los participantes.

Se debe saber qué nos motiva a participar o no, cuáles son las consecuencias de ello y asumirlo responsablemente. La decisión de participar se debe tomar cuando las personas invitadas individualmente o convocadas masivamente estén exhaustivamente informadas.

Entonces debemos reconocer que toda participación es un aprendizaje, debemos saber primero quién o quiénes convocan, para qué se convoca, a quien está dirigida la convocatoria o invitación, los que la reciben pueden a su vez condicionar su participación o negarse, si comparten o no los objetivos divulgados, la ideología política o religiosa que subyace en ella, o por el contrario, si se garantizan el sentido de amplitud, pluralismo, tolerancia, búsqueda de consenso etc. Se debe saber en qué consiste esa participación, qué día, a qué hora, y cuánto durará, cómo se debe ir vestido y cuál es mi aporte o si sólo seré un número en la estadística de la asistencia. Y finalmente, si los motivos son tan urgentes o pueden esperar, si son verdaderos o son como el cuento de “viene el lobo”.

Todo esto es bastante elemental y se necesitaría sólo sentido común, sin embargo, los que ignoran lo que implica una participación, generalmente se hacen sus propias ideas equivocadas y prejuicios de lo que podría suceder en el evento o salir decepcionado por ignorar las bases o haber creído “a pie juntillas” en ellas, y darse cuenta después que no se cumple lo ofrecido. En este caso, es común sentirse un “pendejo participativo”, uno más de la masa manipulada desde los más obscuros intereses del poder convocador.

En los eventos de la política, elecciones por ejemplo, se sigue con las más decepcionantes y nocivas prácticas de participación, buscando el voto de esos ciudadanos anónimos, llamado “pueblo”. Aún hoy, se hacen encuestas para saber qué es lo que las personas quieren oír y en esa perspectiva se elaboran los discursos.
Las ofertas de los candidatos, en sus discursos, no corresponden a las necesidades más urgentes del pueblo, ni a sus opiniones, no han surgido de un debate donde ellos hayan participado. Todo se hace a dedo desde las cúpulas de los partidos políticos, quienes hacen vida social en las capitales de los países, al amparo del poder propagandístico de los gobiernos y del poder económico, mediático.

Entonces, ¿cuándo haremos realidad nuestra democracia participativa? ¿Qué hace falta para ello?… Yo digo, educación y más educación. Sabemos que es posible, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela nació de la más amplia participación de la base constituyente y fue ésta la práctica originaria y fundacional de la llamada democracia participativa. Los principios y herramientas para la participación que ella nos ofrece, la hacen si no única, excepcional: por ejemplo, los referéndums revocatorios, los presupuestos participativos y la contraloría social. Algunos de ellos podrían quedarse sólo en la letra, pues los ciudadanos, los compatriotas, los compañeros no conocen los aspectos legales, cómo, dónde y cuándo ejercer la contraloría social, tan necesaria en un Estado plagado de burocratismo y corrupción.
Es urgente, crear y fortalecer mediante talleres, foros, conferencias, seminarios, publicaciones en las organizaciones comunitarias y en los programas oficiales del Ministerio de Educación, una cultura de la participación.
Observe y analice su participación, en los foros. He asistido a múltiples foros desde aquellos donde intelectuales o especialistas en temas de la cultura, el arte o la ciencia leen sus ponencias entre ellos, ante unos asistentes inermes, hasta otros más” participativos” donde permiten opinar, debatir las intervenciones y dar opiniones por escrito, para darse cuenta posteriormente que en las conclusiones finales publicadas de dicho foro, sus opiniones no se incluyeron, a pesar de que eran consideradas por los asistentes mayoritariamente, como un excelente aporte viable. Así nacieron las sospechas de los participantes que las conclusiones a las que se tenía que llegar, en ese foro ya estaban definidas y redactadas desde la planificación del evento.

De este modo, la aplanadora de la mayoría se transforma en una maquinaria brutal que pretende eliminar ideas, que posteriormente por su valor en sí, surgirán vivas en las voces de la participación organizada del colectivo.
Ni hablar de otros eventos donde además prevalecen abiertamente el proselitismo, la obvia propaganda política o el chantaje del poder económico de grupos, corporaciones o sectas religiosas, todos con sus verdades absolutas a cuestas, en una lucha despiadada por el control del poder total de una organización, país, gobierno municipal o estadal.
También es corriente que se te invite a programas de TV donde se te entrevista, tienes la sensación de estar participando y haciendo aportes serios a la vida cultural del país, pero es sólo una percepción errónea, tienes sólo la sensación, pues las decisiones se toman en lugares habitados por el poder político donde nunca tendrás acceso.

En la praxis artística moderna la participación, lamentablemente, permanece atada a viejos clichés, impuestos por pequeños grupos de poder económico, y burócratas del Estado quienes programan y controlan la participación desde el pasado reciente hasta hoy, inspirados: en el tradicional coleccionismo saqueador de los museos, las políticas comerciales de las galerías de arte, el crítico-marchand, el investigador por encargo, el curador de las ferias internacionales , el subastador con su contrabando de obras robadas y falsificadas, y organizadores de salones de arte, bienales, ferias, documentas y mega-exposiciones, todas ellas plagadas de vicios heredados de más de un siglo de “la gran cultura artística” occidental e influenciada por mercados artísticos del norte.

En más de 30 años, los artistas hemos venido debatiendo, escribiendo y publicando acerca de los Salones y Bienales de Artes Plásticas. El Conac mismo en el mes de abril de1991 propició un debate sobre los salones nacionales y difundió una publicación con serios y certeros aportes de cómo mejorar las condiciones de participación de los artistas plásticos en salones de arte. Así como la necesidad de la existencia de un código de ética aplicable a organizadores, jurados y curadores, cómo designarlos y cómo debe ser su labor. [1]

Por ello resulta, increíble y hasta ofensivo a la memoria de nuestras luchas gremiales confirmar cómo, todas las reflexiones y los cambios que se lograron introducir sobre la participación en salones de arte, hoy en el 2005, se ignoran y desechan, cuando desde el Ministerio de la Cultura se convoca a un Salón Nacional Oficial de Artes Plásticas bajo el título de Mega Exposición Dos. En la lectura de sus Bases [2] ya observamos la presencia de todos los vicios inaceptables, rechazados por creadores serios, para la participación en eventos artísticos.

Tomo el ejemplo de participación en la Mega II por su pretendida trascendencia nacional, podría ser cualquier otro evento. Lo analizo y le hago una crítica constructiva, con el más amplio respeto a todos los participantes de este evento, con la certeza que si hubiese habido una consulta amplia en la base, una especie de asamblea de artistas plásticos, se hubiese mejorado la convocatoria y la participación. O por lo menos los organizadores debieran haber leído las investigaciones que ha hecho el propio Conac al respecto, en su “Primeras Jornadas Nacionales de Reflexión Sobre Salones de Arte en Venezuela”, abril 1991. [3]

Nadie mejor que los creadores para opinar, debatir y ayudar a establecer bases sólidas de las políticas culturales-artísticas en lo participativo. No son los únicos, también son importantes los aportes de los receptores de sus obras. Los creadores, también llamados artistas o trabajadores del arte y la cultura, son quienes tienen la palabra, especialmente en tiempos de cambios profundos de un colectivo, hay que considerarlos como personas humanas, por lo menos oírlos, no sólo exaltar su obra, u homenajearlos después de muertos, reconocer que ellos en sí, son el patrimonio artístico vivo de una nación. Por eso es importante la participación y convocatoria a una Constituyente Cultural Originaria [4] donde se debata y emerja fresca la tan postergada Ley de la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela.





FUENTES Y NOTAS FUERA DEL TEXTO
[1] Artículo:


“Por una Participación consciente y confrontación real en los Salones y eventos de arte del país”


de Aníbal Ortizpozo, publicado en:
- Diario La Frontera, Mérida, Venezuela, 27 de febrero 1983.
- Diario El Carabobeño, Valencia, Venezuela, 16 de octubre de 1983.
- Ponencia Primeras Jornadas de reflexión sobre Salones de Arte, CONAC, abril de 1991.
- Sitio Web: www.ortizpozo.com - desde donde se puede leer, opinar y solicitar.
- Síntesis del documento de A Ortizpozo, publicado por el CONAC:

“Los salones de Arte son uno de los eventos, que más enconadas críticas reciben, y no existe trabajador de la cultura que no haya tenido inquietudes por mejorarlos desde sus estructuras básicas.
Sin embargo, es necesario aclarar la diferencia entre producir una mejora y provocar un cambio, pues esto último supone la modificación de las políticas culturales de la sociedad, las cuales en primera instancia deberían apuntar hacia la democratización del arte; empezando por la educación artística.
El creador de las artes visuales debe participar en todo evento que le permita una confrontación real. Pero muchos artistas han cuestionado el participar por participar, sin tener derecho a gestionar la relación de sus obras con el público.
A través de la participación nuestra obra se puede subordinar a unos intereses programados, al gusto del mercado consumidor, y a los dictámenes éticos y estéticos de la crítica. Por ello reclamamos nuestro derecho a disentir de las posturas oficiales de la crítica de arte, y de los criterios mercantilistas y burocráticos. Es necesario comprender que la obra no es la que debe estar a su servicio, sino todo lo contrario.
Ahora bien, es importante enfatizar que los interesados deben participar de manera consciente en los salones, y que éstos están dirigidos a los artistas profesionales, paralelo a ello, deben crear eventos para canalizar la valiosa creación de los aficionados y estudiantes de arte.
En una auténtica confrontación los artistas deberían participar con no menos de cinco obras, además de materiales de apoyo como videos, textos escritos, reflexiones sobre sus poéticas, etc. Siendo éste, un material publicable que sirva para la discusión.
En cuanto a los jurados, pensamos que sus discrepancias son un hecho natural y positivo, no así el hermetismo que rodea su trabajo puesto que esto lleva a los participantes a establecer conjeturas -a veces- erróneas, pero en ocasiones, muy justas.
El análisis y las deliberaciones de los jurados no deben seguir ocultándose como si los resultados finales constituyesen un hecho de delincuencia cultural.
Publicación impresa y difundida por el CONAC - Primeras Jornadas de reflexión sobre Salones de Arte, CONAC, abril de 1991. Ponencias: Simón Noriega, Sacarías García, Ivanova Decán, Aníbal Ortizpozo, Perán Erminy, Roberto Guevara, Manuel Quintana Castillo. Intervenciones: Ariel Jiménez, Pedro Sanz, Milagros Blavia, Liborio Guarulla, Manuel de La Fuente, Luis Delgado y Mariella Provenzali.



[2] Bases de La Mega Exposición

“Arte venezolano del siglo XXI – En honor a Jesús Soto” -
www.conac.gov.ve/view/docs/MEGAEXPOSICION_II.doc

[3] Síntesis de Opiniones de los artistas plásticos

sobre La Mega II, entre un contingente de 73 artistas:

La convocatoria no tiene un concepto general explícito que la justifique y no resulta cónsona con el proyecto país o modelo país que queremos darnos, pero sí, un homenaje justo aunque forzado y a destiempo a Jesús Soto
Se habla de la más amplia participación, cuanta simpleza y falta de profesionalismo de los organizadores al convocar a un evento entre cuyos objetivos está tener un panorama del Arte Plástico Venezolano del Siglo XXI, sin considerar lenguajes, disciplinas, edades, experiencia, formación de los sectores involucrados, en un” todo se vale”, donde, estudiantes que se inician en el arte, pintores aficionados de domingo, amateurs, autodidactas y profesionales podrían participar. Cuanta asimetría en un mismo saco, para establecer posteriormente criterios justos de selección en esta diversidad de expresiones plásticas del país.
Existencia de un jurado desconocido en las bases y que se constituiría posteriormente con directores de museos, investigadores y curadores, sabiendo que muchos de ellos han declarado públicamente su preferencia por algún movimiento artístico o político y actuarán en consecuencia seleccionando con los mismos criterios subjetivos y extra artísticos de ayer, por lo tanto sin poder emitir laudos o justificación escrita a cada artista por qué se le selecciona o no. Acción realizada en reuniones secretas todo ello como un acto de delincuencia cultural. Con esta selección se ratifica la figura de la exclusión o rechazo tradicional en salones y bienales de arte en el país.
La innovación de la Mega II, no habrá premios en metálico, estímulo material que no es un Nóbel que le permita a los artistas dedicarse sólo a su obra, pero tampoco se reemplaza o refuerza con estímulos morales a la creación artística.
El punto 5 de las bases, la trampita discriminatoria dice: “Para incentivar la participación y reflexión del arte venezolano en el Siglo XXI, la Comisión Organizadora invitará a los artistas cuyo trabajo haya sido realizado entre los años 2001 y 2004.” En efecto, después de posponer las fechas finales de la entrega de trabajos, por escasa participación, aparece una lista de cerca 454 artistas (incluyendo muertos, ausentes y extranjeros), muy especialmente invitados por el ministro, a participar, naturalmente sin selección, otros no incluidos en la lista invitados telefónicamente por sus amigos funcionarios del Conac O sea, en esta amplia convocatoria además de que se excluye a algún creador inocente, se discrimina entre invitados especiales y “el chiripero” masivamente convocado.
Ante el malestar de los artistas por esta situación, aparecen, gestos desesperados para eliminar a última hora la figura de exclusión, porque, como “el pueblo es la cultura” se aceptan todos los trabajos presentados. Así lo reveló el Museo Dimitrios Demu, Centro recolector para el estado Anzoátegui, en información por Email textualmente “El pasado jueves 31 de marzo el Ministro de Estado para la Cultura y la Dirección General Sectorial de Artes Visuales del Consejo Nacional de la Cultura, decidieron aceptar absolutamente todos los trabajos que se entregaron en el proceso de recepción de la II Megaexposición de Arte Venezolano del siglo XXI, reemplazando así la selección previamente hecha por Luis Miguel Rodríguez y María Margarita Rasquin del CONAC; por Anzoátegui los poetas Williams Guaregua y Gustavo Pereira, y el Arquitecto Luis Felipe Salazar”… Aplausos..!
Por el contrario, en Mérida el Jurado no aceptó que se desautorizara y de 72 participantes, solamente viajaron a Caracas 12, excluyendo a 60. ¿Qué tal?
En otras palabras, la convocatoria para la participación de la Mega II es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer. Demuestra desconocimiento de la metodología para la participación de artistas. Es confusa e ineficiente, además establece bases viejas e inaceptables, que no garantizan una participación que permita confrontar ampliamente del arte plástico venezolano. Sus bases poco creíbles, ambiguas podrían hasta eliminar la figura de selección para presentar una mayor participación y demostrar así al país que la Mega II ha sido “exitosa” y de esta manera no corregir los errores evidentes cometidos.

[4] Sobre Constituyente Cultural, leer en


Secciones: “Colectivo Pueblo Soberano” y “Políticas culturales" en "Culturales Nacionales”.