30 may. 2011

CULTURAS EN LA GLOBALIZACIÓN

OPCIONES Y DESAFÍOS
Prof. Aníbal Ortizpozo



“Ojalá que llueva café en el campo…”
Juan Luis Guerra




Ante lo irreversible de la Globalización y los fracasos de los programas culturales en la integración regional de nuestros pueblos, parece urgente, avivar el debate sobre los factores que permitan establecer dentro de los acuerdos una “multiculturalidad democrática” donde la cultura, la política social y el bienestar de las mayorías no sean sólo “anexos desechables”.

Al parecer la “aldea global” de la que nos hablara J.Habermas, ya no es una mera abstracción. Hoy podemos observar y estudiar los fenómenos de integración regional e interregional que se están produciendo en las fronteras de nuestras naciones, fruto de convenios y acuerdos concretos como son, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Canadá y México; el MERCOSUR integrado por Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina; y la valiosa experiencia de la COMUNIDAD EUROPEA. Sólo el conocimiento y estudio de estas recientes experiencias nos dará una comprensión cabal del fenómeno de la Globalización.--

EXPERIENCIAS y experiencias. En la Latinoamérica de estas últimas décadas, son múltiples los intentos fallidos de integración cultural emprendidos entre otros por el Pacto Andino, Convenio Andrés Bello, CAF, SELA, UNESCO y el Acuerdo de Cartagena. Lo no resuelto por ellos fue al parecer, el cómo combinar rentabilidad económica con los intereses públicos socioculturales y políticos.
Un debate aparte merece el hecho de, cómo antes la integración en Latinoamérica se concebía como una unión para fortalecerse ante la metrópolis (EEUU), en la actualidad, la incorporación de México al TLC y los intentos de otros países por sumárseles (despreocupándose de los conflictos), las anteriores restricciones para la venida de capitales extranjeros son reemplazadas por la búsqueda de esas inversiones. La integración no es ya “frente” a ellos sino “con” ellos.

Para la comunidad latinoamericana es importante el estudio de los logros y frustraciones de la unificación de la COMUNIDAD EUROPEA, y considerar aquello que pueda servirle para la integración local, dado que, entre otras cosas, existe una larga trayectoria de las relaciones entre las Américas y de éstas con los países europeos. Además existe una historia de intercambio poblacional, económico, político, cultural y científico así como afinidades histórico-culturales.
En Europa el proceso de integración económica viene desarrollándose desde más de 40 años, su profundización lo convierte en un laboratorio de ensayo de mayor interés ya que se trata de una experiencia de articulación entre Globalización y regionalización más radical que el TLC y el MERCOSUR.
Para la Comunidad Europea la regulación de las relaciones interculturales está en el centro del debate, tanto como en los programas de integración global.—

CONFIGURACIONES CULTURALES – NUEVAS MIRADAS. Hay evidentes dificultades para definir lo culto de lo popular. Lo nacional y lo extranjero, que aparecen no como identidades, sino como escenarios. Las migraciones : identidades cambiantes de quienes vienen del campo a la ciudad o de un país a otro y que necesariamente tienen que cambiar su tradición cultural. Esta dinámica conflictiva es una de las causas de la obsolescencia frecuente de los bienes culturales.
Las reflexiones sobre Globalización y en especial de las llamadas “culturas populares” contienen un variado espectro de lagunas e interrogantes, que no siempre resultan fáciles de abordar, ya sea por la polivalencia de los términos o por la significación, que según propios intereses, les dan especialistas y científicos al ponerlos en escena.
En lo que se refiere a las llamadas “culturas populares” y específicamente a lo “popular” es donde hay más confusión que comprensión en uso de los términos y en la práctica de políticas culturales.
El dilema no sería definir o redenominar lo “popular” sino más bien situarlo en sus significaciones esenciales del tiempo en que vivimos.
La evidente crisis del término “popular” es entre otras cosas por su significación más antigua asociada a la resistencia al capitalismo y a las luchas por la justicia social. Hoy por ejemplo, no se habla de “clase popular”, se ha cambiado por “ciudadanía” y “sociedad civil” valorando con ello el sentido amplio de formas de organización que están más allá de lo partidista tradicional.
Sobre este último aspecto no es sólo el cambio del término, existe la opinión que estas nuevas formas de representación popular, son síntomas del advenimiento de una verdadera democracia representativa, y opiniones que cuestionan una redemocratización bajo las condiciones que permite desde el centro de su poder el capitalismo hegemónico. Hay quienes piensan que una de las soluciones sería buscar desde la “orilla” la forma de contrarrestar los significados producidos desde el “centro”. Por ello resulta adecuado y urgente profundizar la conceptualización de “lo popular”, así como la puesta en escena de nuestras culturas en el marco de la integración regional y Globalización.
Es necesario insistir en la crisis del concepto “cultura popular”. Los estudios la hacen oscilar entre la supuesta homogeneidad y pureza tradicional y la moderna fragmentación e hibridez que la caracterizaría en la actualidad. La “hibridez” de la cultura se estaría desarrollando por desplazamiento, yuxtaposición o la mera velocidad de su transmisión, produciendo de hecho nuevas configuraciones culturales. El dilema es cómo enfrentarse a la presencia de símbolos culturales globales y a los producidos infinitamente variados de hibridez que ni siquiera corresponden a las viejas representaciones de lo “nacional popular” o populismo, ni llegan a la transculturización en el sentido tradicional del término. Según Jean Franco, “…la cultura popular servía igualmente como indicador de subdesarrollo, era pre-alfabetismo, era tradición como opuesto a progreso, atraso como opuesto a modernidad…”

Para otros estudiosos lo que cambió en estas últimas décadas, no fue sólo la manera dual de entender la cultura, como superior o inferior, avant garde o tradicional, sino también los valores.
En el análisis de la hibridez podemos encontrar respuestas que van más allá de lo sólo cultural. Según García Canclini, “…estas respuestas surgirán cuando seamos capaces de observar la coexistencia entre culturas étnicas y nuevas tecnologías; formas de producción artesanal e industrial, o cómo las capas populares y la élite combinan formas de democracia modernas con formas arcaicas de poder; la transacción entre movimientos sociales y regímenes paternalistas o los poderes oblicuos de las instituciones liberales con hábitos autoritarios…”
Las más recientes observaciones de los entrecruzamientos interculturales se ven dificultados, entre otras cosas, por la desconfianza que genera una “Globalización impuesta”, el “libre comercio desigual” y “Post-cualquier cosa” en el discurso académico.
Las opciones y desafíos que los antropólogos, sociólogos, folklorólogos, investigadores del arte y la cultura y cientistas de la comunicación tienen, es volver a ver la entrecomillada “cultura popular” con instrumentos transdisciplinarios flexibles, esta mirada oblicua les permitirá encontrar respuestas que van más allá de sólo lo cultural y donde una sola disciplina científica resulta insuficiente.—

CULTURAS EN GLOBALIZACION O “Cómo vamos ahí , nosotros”. La Globalización nos sorprende a fines de siglo con múltiples acuerdos y convenios que están firmados entre naciones. En algunos casos los acuerdos van más allá de la reducción de aranceles para facilitar el intercambio de mercancías, también se incluye la libre circulación de personas, mensajes y la elaboración de programas educativos y comunicacionales.
El mapa de competencias económicas y culturales nacional, se modifica por los agrupamientos e intercambio entre naciones y regiones. Sobre el impacto de esta situación se ha estado hablando preferiblemente a nivel periodístico aunque también han habido polémicas con participación de algunos intelectuales, funcionarios públicos y empresarios.
“ Las políticas culturales de cada país y los intercambios –afirma Néstor García Canclini- se siguen trazando como si la Globalización económica y las innovaciones tecnológicas no estuvieran reorganizando las identidades, creencias, formas de pensar lo propio y los vínculos con los otros.”
Si nuestros países están en crisis por las “sin razones” conocidas, ¿por qué el arte y la cultura van a ser una excepción? La falta de recursos, el clientelismo político, la falta de continuidad en los programas y compromisos adquiridos por los gobiernos locales anteriores, el desconocimiento de las ordenanzas y un personal sin la capacitación adecuada, se suman a una falta de voluntad política, a pesar del consenso existente respecto de las medidas que se deben tomar para la elaboración de un planteamiento cónsono con la recomposición actual de nuestra cultura.
A pesar que el CONAC inscribe su estrategia en el ideal que preconiza la democracia cultural participativa , en los dispositivos de acción cultural, (diseminados en los diversos sectores de la administración central, estadal y municipal) se continúa el desarrollo de una política que privilegia la distribución y popularización de lo “culto”. Si la democratización de la cultura amplía el acceso a los “bienes culturales”, esta opción no cambia las formas de producción y consumo cultural ya que la apropiación de la cultura tienen su origen en las desigualdades socioeconómicas. Situación que no cambia con campañas publicitarias o abaratando el ingreso a los espectáculos, sino a través de programas sistemáticos que intervengan en las causas estructurales de la desigualdad económica y cultural.
Teatro, Danza, Música y Artes Visuales capitalizan la mayor parte de los recursos públicos y prevalece la idea que la creación artística es tan trascendente que está por encima de las condiciones socio-históricas, que enmarcan la producción de las obras mismas y donde la verdad absoluta es la universalidad del placer estético. El mecenazgo del Estado, aunque empobrecido, se ha reducido al fomento y protección de un tipo de creación elitista.--

PIEDRECITAS EN EL CAMINO. Se debe considerar que una verdadera democracia cultural tiene que ver además con el respeto a la pluralidad de culturas y entender que la cultura es el terreno donde se conforma la unidad simbólica del pueblo.
Los canales privados de entretenimiento e información monopolizan buena parte del tiempo libre de amplios sectores de la población, siendo la industria cultural de base comercial el principal vehículo de “mensajes culturales”. La empresa privada brinda de este modo apoyo material e institucional como parte de sus propios intereses y depende de la fuerza social y política de los grupos de elite consumidores de la “alta cultura”.

En el nivel nacional el CONAC es el responsable del desarrollo cultural artístico, el éxito o el fracaso de sus políticas de subsidio y becas, además de lo señalado anteriormente, ha dependido de los bajos presupuestos que afectan y distorsionan los circuitos deseables que mueven, exponen, reproducen y ofrecen aquella producción realizada por artistas, me refiero a museos, editoriales, sedes teatrales, y circuitos de cinematecas de arte y ensayo.
Insisto en que la igualdad debe ser un objetivo permanente de toda política cultural, ya que la marginalidad urbana se encuentra excluida, ahogando sus posibilidades de acción al que todo ciudadano tiene como derecho. Las tareas se deben encaminar a hacer cada vez más auténtica y consistente la participación de todos los ciudadanos (sin distinción) en la producción de la cultura. Se debe hacer posible que la actividad cultural sea por fin una práctica significante.
Además debemos ser cuidadosos con los espectáculos subsidiados o gratuitos cuando ellos requieren al participante más como espectador de una manifestación cultural que no les pertenece, que como actor de su propia cultura nacional o regional. Se debe comprender que los eventos culturales internacionales, nacionales o regionales son mayormente válidos, cuando su creación contiene nuevos signos para diferenciarse y preservarse.
Nada nuevo podemos decir de nuestras políticas culturales que no se haya dicho ya, lo sorprendente es la inmutabilidad de los responsables del sector cultura frente a los cambios que se requieren en su recomposición y planeamiento de políticas en la perspectiva global.—

INTERROGARSE INTERROGANTES. Ahora bien, de lo que entendemos que la Globalización requiere podemos preguntarnos y preguntar cuestiones que nos permitan abrir puertas al debate:
¿Se podrá en el futuro seguir diseñando políticas educativas, culturales y científicas con un alcance sólo limitado a las fronteras nacionales?
¿Cómo planear políticas adecuadas al carácter transnacional y qué cambios se requieren en la educación, investigación científica y tecnología con el fin de volver más competitivas a las naciones que entran en condiciones más débiles a estos acuerdos?
¿Qué transformaciones generarían estos procesos en las identidades nacionales, incluso conceptos de nación y soberanía?
¿Cómo cada nación podrá ejercer el control sobre su producción editorial, comunicaciones electrónicas, propiedad intelectual y turismo?
¿Qué se debe hacer para uniformar internacionalmente los criterios de acreditación, certificación y validación de estudios; intensificar intercambios culturales y regular las comunicaciones?
¿Podrá ser afectada la producción de grupos étnicos , pobladores urbanos y campesinos por “bienes y mensajes” (programas de radio y televisión) que se producen en un sistema transnacional desterritorializado?
¿La integración regional e interregional será de las sociedades o sólo de los empresarios?
¿Cómo harán nuestros pueblos para gobernar la Globalización?
¿Será posible a corto o largo plazo democratizar las tecnologías de punta como el INTERNET o supercarretera de la información, la Televisión satelital y los supermercados virtuales con sus correspondientes chequeras virtuales?

Las respuestas a éstas y muchas otras interrogantes que surjan, en sí mismas, son un gran desafío. Lamentablemente se carece de diagnósticos y estudios consistentes, evaluaciones de las políticas educativas, científicas y culturales globalizadas que nos permitan responder en forma fundada.

Finalmente, es necesario considerar que la Globalización e integración regional de las economías y culturas no se opone, ni debe oponerse al normal desarrollo de cada nación y que la cultura Global, no es, ni puede ser vista como sustitutiva de las culturas nacionales o regionales.
Los movimientos de integración supranacional adoptan formas concretas en los acuerdos de libre comercio, la concreción de dichos acuerdos renovarían la mirada y el interés por nuestras culturas y sus expresiones artísticas, a pesar de quienes sostienen que la Globalización sirve sólo para sostener el poder de los grandes bloques económicos del planeta.
Se trata de visualizar un futuro para nuestras culturas en el marco de acuerdos globalizados, estableciendo una legislación que permita su desarrollo y crecimiento sostenido, en otras palabras, hacer gobernable la Globalización.